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Vuelta al verde: el espacio del jardín

04 junio 2021

Los jardines son espacios vivenciales, pero también ámbitos para la filosofía y para la construcción de expectativas. En este sentido hacemos nuestra aquella frase de Foucault cuando afirma que «un jardín puede ser la parcela más pequeña del mundo pero, también, puede ser la totalidad del mundo».

Los jardines son el resultado del necesario deseo humano de alcanzar el bienestar. Se vinculan a demandas centradas, en principio, en lo sensorial, en lo psíquico y lo espiritual, donde el reposo, la paz y la tranquilidad son las principales motivaciones. Pero el jardín se vincula también al pensamiento y la razón, con proyectos de futuros e, incluso, con la idea de utopía.

 

Por esto decimos que los jardines son espacios vivenciales, pero también ámbitos para la filosofía y para la construcción de expectativas. En este sentido hacemos nuestra aquella frase de Foucault cuando afirma que «un jardín puede ser la parcela más pequeña del mundo pero, también, puede ser la totalidad del mundo». Aún dentro de las más pequeñas dimensiones, un jardín puede contener una cosmovisión, una verdadera mirada acerca del mundo.

 

En relación con el jardín podemos descubrir complejas ideas como, por ejemplo, la de paraíso. Recordemos que múltiples claustros de monasterios medievales se trazaron como una verdadera metáfora del jardín del Edén (una fuente y cuatro acequias), pero también como un mundo futuro nuevo, un mundo a partir de la sustentabilidad ambiental tal como se traduce en tantas huertas orgánicas contemporáneas.

 

Por otro lado, los jardines han acompañado la producción de pensamiento a lo largo de la historia, ya sea como simples escenarios de la especulación filosófica o como materia misma de representación. ¿Quién no recuerda los jardines filosóficos de los antiguos pensadores griegos?

 

Pensemos, por ejemplo, al jardín de la academia platónica, donde el autor de la República formaba a sus alumnos bajo la sombra de pórticos y senderos arbolados. También es memorable el espacio verde en que se encontraba el Liceo de Aristóteles: el maestro hacía del caminar por los jardines un instrumento característico de su ejercicio docente y, así, los aristotélicos son conocidos como «peripatéticos», lo cual significa, literalmente «los que caminan alrededor», en este caso, justamente, alrededor del jardín. Todavía en la antigüedad, resulta aún más memorable el jardín donde Epicuro ejercía su maestría a partir de una alta valoración del ocio y de bajo el ideal de la ataraxia, es decir, de la imperturbabilidad. ¿Qué mejor sitio para acercarse al ideal que el jardín?

 

El jardín de Epicuro. Autor desconocido.

 

En alguna medida, Epicuro trajo el gusto del campo al interior de la ciudad… y esto nos hace pensar inmediatamente en esa idea de frontera que el jardín implica entre espacio rural y urbano, esa condición de pliegue entre lo rústico y lo refinado, de ese interegno entre lo bárbaro y los civilizado. En conclusión, con los griegos – y en buena medida también con los romanos – el jardín se afianza como el lugar por antonomasia del deleite, como el espacio ideal para los sentidos.

 

Pero ya la Edad Media el jardín se aferra a una dimensión distinta: la ética y religiosa. El huerto cerrado, que es un jardín moralizado. Alcanza con recordar como los primeros padres de la iglesia asociaron el huerto de Salomón con el cuerpo de María, concluso, casto y puro. Y esto nos lleva a otro par polar que es el del adentro y el afuera, como sinónimo de expulsión (como sucede con Adán y Eva).

 

Expulsión Del Paraíso, de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina.

 

Sin embargo, antes de que termine el mundo medieval el jardín retoma su sentido más vivencial y sensorial: nace entonces un término en latín que es el de locus amoenus, es decir, el «lugar ameno».

 

El jardín deja de ser un paradigma de la inocencia, remitiendo ahora a un lugar de deseo y seducción. La idea de pecado, asociada al jardín, deja lugar a un espacio de epifanías, como en el jardín de Petrarca, donde los protagonistas gozan de la naturaleza y redescubren la vida rústica del campo.

 

El renacimiento y el barroco introducen con mucha fuerza (en la literatura, el arte, la arquitectura y el urbanismo) la idea de utopía, esto es, la creación ficcional de un espacio sin lugar conocido (u-topos, fuera del topos) pero no por eso ajeno a la realidad, ya que el género utópico es un género crítico.

 

Los siglos siguientes asistirán a múltiples proyectos e ideas en busca de una vida mejor, libre de los peores impactos de la revolución industrial. La higiene y lo sanitario se constituyen en referencias modélicas asociadas a una vida más igualitaria. En este nuevo marco de la utopía, el jardín individual no desaparece pero, poco a poco, irá cediéndole un enorme lugar al parque público. Algunas ciudades, de hecho, fueron concebidas en una absoluta inmersión en el verde de la naturaleza, a la manera de un gran jardín urbano (como en la historia KYRIA, de Figari).

 

 

La reflexión completa, en diálogo con el Paisajista Luis Carrau, puede escucharse en Paisaje Ciudad, aquí.

 

Paisaje-Ciudad, un programa radial dedicado a la cultura urbana. Conduce: Malena Rodríguez Guglielmone. Participa: William Rey Ashfield. Produce: Natalia Costa Rugnitz. Una realización de BMR Productora Cultural. Todos los jueves de 14 a 15 hs en Radiomundo 1170 AM.

 

Escrito por:
William Rey Ashfield
William Rey Ashfield