New Harmony, Indiana, Por F. Bates

Territorios de Utopía

22 octubre 2020

La Columna

Desde que Tomás Moro – o Santo Tomás Moro, como también se lo conoce – escribiera en el siglo XVI su conocido texto Utopía, cuyo título completo es «Librillo verdaderamente dorado, no menos beneficioso que entretenido, sobre el mejor estado de una república y sobre la nueva isla de Utopía«, se dio nombre a todo un género literario que, a pesar de tener ya una larga historia, no había sido bautizado hasta entonces.

Inmediatamente después de publicado el libro de Moro, surgen otros inolvidables ensayos de carácter utópico como la Nueva Atlántida, de Francis Bacon o la Ciudad del Sol, de Fra Tomasso Campanella, ambos en el siglo XVII.

La palabra utopía proviene del griego y se compone de dos partes: la partícula negativa ou, que significa literalmente «no» y el sustantivo topos, que significa «lugar». Etimológicamente, entonces, utopía significa no-lugar.  Lugar desterritorializado, no ubicado en sitio alguno concreto, sino en el horizonte de lo posible… en un topos lejano y, eventualmente, lejano también en el tiempo, por esto se ha dicho que toda utopía es también ucronía.

De hecho, no pocas veces las utopías se desarrollan en tierras desconocidas, en islas lejanas… incluso, en otros planetas como es el caso del Micromegas de Voltaire, una utopía del siglo XVIII que se desarrolla en la estrella Sirio y es relatada por un visitante que llega a la tierra.

Pero detrás de este alejamiento, las utopías son en realidad profundamente tópicas ya que se trata de construcciones imaginarias, que, aunque aparentemente inconexas con la realidad social, buscan producir cambios reales, o sea, transformaciones en el presente en que vive su autor. En efecto, mucho hay para decir acerca de la utopía como género literario pero existe otra faceta, que es la que hoy nos interesa aquí: la que tiene que ver con su función social. Además del valor literario, los textos utópicos poseen una muy alta significación y utilidad en campos como la historia, la filosofía, la sociología y la ciencia política.

Las utopías cumplen un rol subversivo, que busca cambiar el orden establecido, el status quo imperante, a través de la proyección imaginaria – aunque no por eso menos crítica e, incluso, filosófica – de una sociedad alternativa en contraste con la real.

El aspecto que más nos interesa destacar de lo utópico es su particular relación con la ciudad. En principio, podríamos decir que el concepto de urbe está siempre presente en las utopías, aún cuando muchas parezcan refractarias a él. Las hay también anti-urbanas, ubicando a la ciudad narrada en medio de la naturaleza, pero, en definitiva, la relación entre el discurso utópico y la ciudad hace que las utopías sean especialmente interesantes para los historiadores de la arquitectura.

En nuestro país y nuestra región, los textos utópicos no resultan ajenos ni extraños, ya que pueden identificarse desde la primera mitad del siglo XIX. Argirópolis, de Domingo Faustino Sarmiento, es un texto de 1850 que refiere a la capital de un gran conglomerado territorial platense, ubicada en la isla Martín García; el Nirvana de Ángel Floro Costa, libro que aparece un poco más tarde, y también, hacia finales de aquel siglo, El socialismo triunfante. Lo que será mi país dentro de 200 años, de Francisco Piria.

Es este un texto divertidísimo que tiene una reedición más contemporánea donde el autor establece durísimas críticas a la ciudad, imaginando un Montevideo del futuro, hiper-tecnologizado, al que ha viajado por los efectos de una droga alucinógena facilitada por un fakir.

«El Utopista», Figari retrata a Piria

Ya en pleno siglo XX, más exactamente en 1930, aparece la conocida Historia Kiria, de Pedro Figari. En esta utopía, la única ciudad -llamada Sidania- tiende a desaparecer integrándose a la naturaleza, tal como lo habría vivido el pueblo kirio, pueblo también mítico que estaría desaparecido.

Analizar la manera en que las ciudades utópicas definen sus trazas, organizan sus edificios y conciben sus espacios, permite entender la propuesta social que está detrás. También facilita la comprensión de la crítica establecida a la ciudad real. Por eso, la utopía es decididamente un motor de la historia urbana y, no menos importante, un motor fundamental para el cuerpo social que la habita.

 

 La sección «La Columna» de nuestro Blog tiene como punto de partida

el espacio homónimo, a cargo de Willy Rey, en el programa Paisaje Ciudad.

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Escrito por:
William Rey Ashfield
William Rey Ashfield