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Superviajes

17 diciembre 2021

Las giras de Luciano Supervielle

Encontré al pianista en su bunker, híbrido de estudio y oficina en un edificio relativamente nuevo, de clase media, a pocas cuadras de su hogar, en el barrio de La Blanqueada. Pocas personas más educadas que este muchacho que parece siempre estar pensando brutalmente, abriendo ventanas mentales y tiene el hábito de disculparse todo el tiempo por vaya uno a saber qué. Está bien flaco, algo demacrado, de camiseta polo como acostumbra, sigue lejos de aparentar los 41 años de su cédula y hoy calienta café en microondas en el contexto desprovisto de todo menos de teclados y computadoras. Como casi siempre que está en Montevideo, se encuentra ensayando, a días de partir.

 

“Podría quedarme acá tranquilo y dedicarme a dar clases, por ejemplo, pero la verdad es que hay algo que me impulsa a viajar y tocar en vivo”, dice Supervielle. Girar está lejos de ser algo nuevo en su vida. El músico nacido en Paris durante el exilio de sus padres, lleva años viajando en filas de Bajofondo o al frente de su propia banda, llegando a pasar hasta la mitad de algún año fuera de Montevideo, pero hizo un click desde Suite para piano y pulso velado, su más reciente disco.

 

“(Suite…) no es un disco comercial, lo pensé justamente como para salir a tocar solo. Es que hace muchos años que mi principal actividad es tocar en vivo, y si bien hago otras cosas como arreglos para otros músicos o trabajos musicales determinados, este disco se trata de tocar y fue el pretexto para armar un formato mucho más fácil de mover y versátil que la banda, a tal punto que viajo solo, ni siquiera me acompaña un manager”, explica.

 

Dicha instancia – la de recorrer aeropuertos y carreteras en solitario, cargando un kit que entra prácticamente entero en una pesada valija – es una novedad en la que viene incursionando hace un tiempo y lo tiene absolutamente consustanciado, más allá de que, reconoce, “se hace extremadamente cansador”. Lejos de la zona de confort que en el universo de la música confieren los managers y técnicos, esos con los que acostumbra viajar sea con Bajofondo o su misma banda, Luciano se ha colocado en una posición “medio aventurera”, como él la define, donde se ve forzado a interactuar de forma constante y en resumidas cuentas, a representarse a sí mismo.

 

Está claro que el desafío no se circunscribe exclusivamente al plano logístico. Subirse solo a un escenario promueve una situación que puede llegar a ser tan estresante como estimulante a la vez. “Es un concierto de piano en definitiva pero con electrónica y hip hop. Y es como el show de un concertista, que en determinados momentos hace un quiebre a otros estilos, lo que a la gente le suele sorprender mucho”.

 

“Cambia mucho el estar solo ahí arriba con todo el foco en uno, permanentemente. En Bajofondo yo soy uno más, y todos tenemos nuestro momento de featuring, pero básicamente es todo más energético. Acá hay una exigencia mayor de concentración. Toco cosas que me resultan bastante difíciles de ejecutar, tengo que estar entrenado, muy ensayado; es como arrancar de cero a nivel de desafío, en el plano psicológico”, señala.

 

En 2017 estuvo cerca de 5 meses de gira, oscilando entre la efervescencia de la música y sus circuitos y la melancolía de la ruta, extrañando a su mujer e hijos pequeños (“pasando los 10 días de viaje ya  la cosa se empieza a poner más heavy a nivel familiar”). “Al estar solo es más fácil caer en la melancolía, la soledad se siente más, se vuelve difícil, siempre en un contexto que puedo llegar a disfrutar. Es una melancolía inspiradora, a raíz de la que surgen muchas ideas. En los aviones, por ejemplo, me suele costar mucho dormir y cuando llegás a ese punto en el que renunciás a querer dormirte y estás cansado pero empezás a pensar, es que suelen llegar lo momentos más creativos”, asegura.

 

Los Angeles (como parte de Bajofondo)

 

Acabo de volver de California donde con Bajofondo tuvimos un concierto muy importante en el Walt Disney Concert Hall, como si fuera una especie de Auditorio del Sodre en Los Angeles, muy prestigioso, un lugar asombroso diseñado por el arquitecto Frank Gehry.  Fue un sold out y tuvo un componente emotivo muy grande ya que hacía mucho que no tocábamos con Bajofondo debido a que Gustavo (Santaolalla) estuvo muy enfermo. Por suerte él ya está mejor, tocando otra vez. Estuvimos como diez días en Los Angeles, ensayando y grabando disco nuevo. Habían pasado tres años en los que por muchos momentos pensamos “hasta acá llegamos” y en este show tocamos varios temas nuevos, la reacción de la gente fue increíble. Había mucho gringo, además de los latinos, ya que es un auditorio que tiene su propio público. La gente flasheó. Fue un verdadero hito dentro de la historia de Bajofondo.

 

Hamburgo / Lübbecke / Copenhague       

 

Acá sí estuve solo 100%,  haciendo la previa de un festival en el que me voy a presentar (con tres apariciones distintas), así que toqué en una radio y ensayé con el ensamble del conservatorio de Lübbecke, ciudad vecina de Hamburgo. Además, fui al sur de Suecia a ensayar con una orquesta juvenil junto a la que también voy a tocar y algo similar estuve haciendo en Copenhague. Es tremendo, ya que me dieron un lugar muy protagónico en el marco de este festival alemán que se llama Classical Beat, ideal para lo que estoy haciendo de fusionar lo clásico con la electrónica. Fueron diez días en total, en hoteles y en casa del director del festival, en el campo. Alemania es muy intenso. Nunca había estado en un ámbito de optimización del tiempo tan extremo. Estuve una semana trabajando a un ritmo de hacer mínimo cuatro cosas por día: prensa, ensayos, toques, muchas reuniones. El director del festival es un ex-banquero retirado, muy melómano, que ahora se dedica a organizar este festival y este año yo soy uno de los mentores, de las caras visibles, junto a otros que son mayoría alemanes. En este país hay mucha gente mezclando música clásica con electrónica (en un sentido vasto), porque allá la música clásica es como si fuera folclore y la electrónica también, tienen una tradición larguísima desde antes de Kraftwerk inclusive. Tienen ese chip de la experimentación, la promueven muchísimo.

 

Oslo

 

Tuve suerte de que me tocaran días con mucho sol, en una ciudad que suele ser muy oscura y lluviosa. Me encontré con un par de periodistas argentinos y salí a ver shows con ellos. Era un show en el marco de un festival y toqué con un grupo argentino de tango y jazz que se llama Escalandrum, en el que toca la batería el nieto de Astor Piazzolla.  Caminé mucho y comí pila de pescado. Me encanta comer pescado cuando estoy de gira porque es nutritivo y fácil de digerir, teniendo en cuenta que las giras suelen ser complicadas en el rubro alimentación.  Algo que suelo extrañar cuando estoy de gira es la actividad física, siento mucha diferencia a nivel corporal cuando no hago ejercicio. Por lo tanto trato de caminar o hasta salir a correr media hora. Incluso lo he hecho días de show, cosa que no es del todo recomendable.

 

Madrid     

 

En este caso hice mucha prensa e incluí en los afiches no solo la credencial de Bajofondo, sino también la de haber tocado junto a Jorge Drexler. Me presenté en el Café Berlín, un club de jazz, con esa atmósfera. El hecho de tocar piano acústico hizo que me metiera casi sin querer en un circuito muy cercano al jazz. Y el mundo del jazz hoy, al igual que el de la música clásica, tiene una necesidad muy grande de apertura para sobrevivir. Los grandes festivales de jazz tienen actualmente muchas cosas que no son de jazz. Hace unos años tocamos con Bajofondo en un festival enorme de jazz en Rotterdam en el que tocaba Snoop Dog. Precisan abrir públicos, hay orquestas que tocan compositores populares porque si no se muere el género y estamos hablando de estructuras gigantes de auditorios, orquestas de presupuestos enormes. Acá en Uruguay te das cuenta gráficamente de la realidad lo que es, con la Orquesta del Sodre.

 

Milán 

 

Acá fui parte de un festival increíble llamado Piano City Milano que consta de cuatro días de toques sin parar, todo el día y toda la noche. Es un festival de piano super diverso y ahí me cayó la ficha de la cantidad inmensa de cosas que hay en Europa relacionadas con esta tendencia de música clásica aggiornada. El festival ocurría en muchos lugares, desde centros culturales a night clubs y en estos era increíble ver el boliche con alguien tocando el piano y la gente bailando a full. Al mismo tiempo tenías gente tocando Bach, por ejemplo. En este tipo de casos me doy cuenta que lo que yo hago es bastante único en el Río de la Plata, pero allá me pongo a competir entre comillas con muchísimas propuestas que están muy saladas a nivel pianístico y a nivel de música electrónica. Entonces ahí más que nunca lo que importa es tener un sonido propio, que es lo que me permite no quedar desubicado. Porque si me pongo a “competir” pelo a pelo me pasan por arriba.

 

 

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Escrito por:
Fermín Solana
Fermín Solana