Di Chirico

Metáforas de lo construido

13 junio 2021

Desde los tiempos de la Roma antigua, ya en los primeros siglos de nuestra era, es posible descubrir frescos con arquitecturas pintadas que intentan producir un efecto ilusorio, a partir de una particular perspectiva y de usos de sombras que simulan una profundidad inexistente en el plano.

Hay muchos arquitectos que suelen pintar, porque son también artistas visuales. Más extraña resulta la idea de pintores capaces de construir, de arquitecturar espacios en el plano de una pared o de una tela sobre bastidor.

Fresco En Pompeya. Ca. 50 40 A. C.

Fresco En Pompeya. Ca. 50 40 A. C.

Desde los tiempos de la Roma antigua, ya en los primeros siglos de nuestra era, es posible descubrir frescos con arquitecturas pintadas que intentan producir un efecto ilusorio, a partir de una particular perspectiva (perspectiva romana) y de usos de sombras que simulan una profundidad inexistente en el plano.

 

Los tiempos medievales, por su parte, no eludieron la representación de la arquitectura en pinturas, tapices o ilustraciones de libros artesanales. La obra de Giotto incorpora, en la baja Edad Media, la presencia de arquitecturas vertebrando el espacio pictórico y, en cierta medida también, buscando terrenalizar, bajar a tierra, temas bíblicos o evangélicos luego de un largo período en que la representación de imágenes sagradas respondía a un aislamiento sobre planos dorados.

 

En el Renacimiento encontramos cada vez más la dominante arquitectónica como instrumento decisivo para aportar profundidad en base al nuevo método de la perspectiva real, creada muy posiblemente por el arquitecto y artista Filippo Brunelleschi.

 

Las arquitecturas irán definiendo en el plano pictórico la idea del adentro, el interior, y el afuera, el exterior urbano o el paisaje rural, donde las imágenes se configuran en relación muy directa con el cuerpo escenográfico. Desde autores como Fra Angélico, todavía bastante inscripto en la mirada medieval de la escena sagrada, a autores como Botticelli, Piero de la Franchesca o Rafael, encontraremos en el Renacimiento importantes escenas de contención arquitectónica.

 

Es interesante comprobar que, ya en el siglo XVI, las arquitecturas pintadas empiezan a recoger los aportes de los grandes tratados de arquitectos como Serlio, Paladio y Vignola. Es decir: los pintores hacen alarde del conocimiento teórico de la arquitectura en sus lienzos.

 

Así, la escena de un tema trágico se arquitecturiza con componentes clásicos antiguos, mientras la escena cómica responde a arquitecturas góticas, tal como lo interpreta Serlio en su tratado.

 

La pintura barroca, ya en el siglo XVII, hará un uso sistemático de la arquitectura en la pintura, como factor de orden en el relato y razón moral. Serán frecuentes las representaciones de antiguas ciudades como Babilonia, en tanto escenario del pecado o incluso Troya, muchas veces pintada en llamas. Jerusalén o Roma, en cambio, serán el lugar de lo puro, de lo cristiano incontaminado.

 

Roma y sus arquitecturas, en particular, serán materia de altísima representación. En el siglo XVIII se produce un nuevo gran triunfo de la arquitectura en la pintura. Tanto la ciudad como sus edificios se transforman en la materia misma de la pintura, liberándola de todo relato o incluso de la figura humana. Estamos ante el fenómeno conocido como la producción de vistas urbanas o vedute, para utilizar un término italiano muy frecuente en aquel siglo.

 

La consolidación de este género estará atada al viaje a Roma que empiezan a realizar entonces los artistas académicos en su tiempo de formación. Éste viaje se conoce como el Gran Tour, que los lleva a visitar no sólo Roma, sino también ciudades como Venecia, Bolonia, Florencia y Nápoles.

Veduta Di Piranesi Siglo Xviii

Veduta De Piranesi, Siglo XVIII

Existen magníficas vedute de italianos como Guardi y Canaletto, que van a representar sobre todo a Venecia. Podemos decir que esta ciudad será materia fundamental para los pintores de paisaje a lo largo de los siglos siguientes, es decir el XIX y el XX.

 

Pero antes de finalizar lo dicho acerca del siglo XVIII, importa recordar la magnífica producción de grabados realizada por Piranesi, un verdadero al arquitecto del espacio representado. Piranesi inaugura un nuevo tiempo: desde la perspectiva unifocal y ordenadora del Renacimiento, da paso a una representación diferente, donde el espacio se abre y pierde su centro. Piranesi viene a descentrar el punto de vista, exigiéndole comprender perspectivas más complejas y laberínticas.

 

Otro género, en clara relación con la ruptura del centro que impuso la perspectiva renacentista lo veremos en los llamados capriccios, un género fundado precisamente en la representación arquitectónica, capaz de fundar nuevos espacios surgidos de la asociación libre e indiscriminada de grandes y conocidos monumentos que, en la realidad, están distanciados e inconexos entre sí, que son reunidos por el artista para producir una inventada veduta.

 

Estamos, sin duda, en los tiempos de una modernidad artística que se proyectará con fuerza en los siglos siguientes. Las vanguardias formarán luego un punto fundamental en el camino de esta modernidad, pero no abandonarán su interés por la representación arquitectónica y la ciudad.

Escrito por:
William Rey Ashfield
William Rey Ashfield