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La revista social como espejo de la cultura

06 agosto 2021

El manejo de distintas tipografías, la introducción del color, la rotación y la superposición de formas, además de las múltiples ilustraciones que van acompañando las secciones de la revista, hicieron de Anales un producto atractivo y moderno para sus lectores de ayer, y aún, de hoy.

Anales fue una revista social publicada en el Uruguay de la primera mitad del siglo XX; un Uruguay de comienzos de siglo con un espacio cultural que leudaba a pasos agigantados; una sociedad que fue testigo del levantamiento del Palacio Rinaldi y el Palacio Salvo, que observó el Ford T desplegar su velocidad a largas y anchas de su rambla; un Uruguay que poseyó un Círculo de Bellas Artes integrado por figuras como Cúneo, Laborde o Figari, que disfrutó de tertulias intelectuales en el Café Tupí Nambá o el Ateneo. Es en este fermental terreno cultural que nace Anales, como una “revista-álbum-artístico-social-literario-sportivo y de actualidades”[1].

 

A través de sus números, esta revista social revela caracteres fundamentales sobre sus lectores. Estos formaban parte de una porción selecta de la sociedad y ostentaban un compromiso por lo nacional que convivía con un ideal cosmopolita. No es inusual encontrarse con la armonía entre referencias artísticas, obras públicas y patrióticas uruguayas -como una página dedicada a explayar un fragmento de “Abuelita Santa Ana” de Juana de Ibarborou, un editorial sobre la Jura de la Constitución o el Organismo de Salud Pública- y textos traducidos al francés, publicidades de hoteles en la capital porteña o de los cosméticos más lujosos de Elizabeth Arden y el perfume Chanel n°5.

 

Y es que, en efecto, página a página, Anales nos permite conocer el corazón de esa clase alta y media alta de principios de siglo XX. Crónicas de viajes a Europa, artículos que detallan las bodas de alta sociedad, el deporte como espacio de ocio, páginas dedicadas a personajes del mundo diplomático, haciendo especial énfasis en las esposas de embajadores y cónsules; porque es la moda otro anfitrión ineludible de la revista. Fotografías de damas luciendo prendas de vanguardia, ilustraciones de accesorios decó, consejos de maquillaje y perfumería, páginas extraíbles con fotografías de mujeres con sus miradas en lontananza, dejan entrever ideales de elegancia, sofisticación y prestigio. Pero es también el vestido, en sí mismo, un nuevo objeto de atención. Se despliegan artículos sobre sombreros y tocados, sobre trajes imperiales y de carnaval, además de reflexiones sobre la moda en sí misma, que pasa a entenderse como una forma de expresión y arte.

 

La publicidad es otra gran protagonista de la publicación, y es una clara evidencia de aquella sociedad de consumo que daba sus primeros pasos, sobre todo en Montevideo. El espacio publicitario fue ganando terreno en la revista: en los inicios aparecía en las primeras y últimas páginas, pero cada vez se expande más, ocupando luego hasta el espacio de la contratapa. Las piezas publicitarias -cargadas con ilustraciones, color y fotografías- permiten ver qué anhelaba aquella sociedad del 1900: desde automóviles, cervecerías inglesas, cines, mueblerías, cenas en el Parque Hotel, hasta bazares y maisons de moda.

 

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Publicidad de sastrería

 

El romance es otro tópico que aparece perfumando las distintas ediciones. No solo se percibe un espíritu romántico que ensalza a la mujer y el arte, sino que también aparecen otros elementos, como artículos de romances históricos, como lo fue el de Elvira Reyes y Julio Herrera o los amores que rodearon a un héroe como Bolívar. No obstante, también tienen lugar unas auténticas reflexiones sobre el amor, a partir de textos de artistas como la poetisa Gabriela Mistral o el escritor uruguayo Antonio Bachini.

 

Sin embargo, como revista social, Anales tocó otros temas, muchos de los cuales hoy serían inusuales de encontrar en publicaciones de este tipo. Si bien aún existen revistas sociales que aluden a ciertos tópicos culturales y artísticos, Anales poseyó artículos de mayor contenido intelectual y reflexivo. El arte se respira a través de las páginas, entremezclándose la pintura, la danza, el interiorismo, las ilustraciones, el cine y la música. Recomendaciones, pinturas a color, fotografías de grandes viviendas, artículos sobre la vida y obra de artistas, información sobre carteleras internacionales, son aspectos que asoman en los distintos números y que reflejan un universo social ávido de consumir y vivir el arte en sus diferentes facetas. Sectores históricos, apartados médicos, relatos de exposiciones industriales, complementan esta faceta intelectual de la revista Anales.

 

Adentrarse en una publicación como esta, no solo permite entender qué objetos anhelaba aquella alta sociedad del 1900, ni con qué eventos soñaba o qué piezas artísticas admiraba. Una mirada profunda de sus distintos números permite obtener un verdadero insight sobre la percepción de los distintos actores y roles sociales de principios de siglo. La mujer es por excelencia el actor social más trabajado y mencionado en el correr de la revista. No solo se presenta como ícono de moda, ni como público objetivo de los perfumes, sino que se reconocen sus derechos políticos, con una defensa a las sufragistas en más de una publicación, buscando, en sus distintos segmentos, alentar el voto femenino, pero desde una perspectiva muy particular.

 

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La figura de la mujer

 

Esta “defensa” de la mujer tiene tonalidades románticas, mezcladas con componentes que impactan al lector contemporáneo; en una editorial de 1937, año sugestivo, puesto que se avecinaban las primeras elecciones en las que participaría la mujer -en el año próximo-, se planteaba lo siguiente: “todas acostumbran ahora a pensar por sí mismas. Concluyeron aquellos tiempos de los ensueños superficiales, de los pensamientos huecos”. Más adelante, César Aguiar, director de la revista, planteaba que la mujer “donde quiera que vaya, llevará todo el tesoro de su idealidad y de su espiritualidad”[2]; la mujer de Anales conjuga una “visión de derechos” -a lo 1937-, con una romántica, puesto que se enfatiza la “idealidad” de la mujer, pero con respecto a su rol en el hogar, como ama de casa y figura de referencia en la familia.

 

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Editorial del número 65, 1937

 

Frente al protagonismo de la mujer, la figura masculina queda en un segundo plano, representada en la revista, las más de las veces, por grandes hombres de negocios y políticos, ingenieros de renombre o grandes intelectuales. No son muchos los apartados exclusivamente para hombres que aparecen en los distintos números, pero cabe remarcar que la gran mayoría del contenido que se presenta por revista no responde a temáticas específicas por género. De todos modos, sí existen algunos apartados delimitados para hombres que dan la idea de un público masculino que también perseguía los ideales de sofisticación y elegancia: “¿Cómo toma usted el cigarro? Un nuevo medio para conocer el carácter de los hombres”, es el título de un artículo publicado en 1915.

 

El niño es el tercer actor social al que se le atribuye gran atención en la publicación. Las páginas dedicadas a la niñez exhiben un diseño especial, encabezadas por algunas ilustraciones de materia infantil y cuentan con más de una fotografía, tanto de niños como bebés. Pero no tienen lugar solo fotos e ilustraciones; bajo una clara influencia de nuevas ideas, como las de José Enrique Rodó, Anales despliega profundas reflexiones sobre la infancia como etapa vital, anima a sus lectores a participar en concursos de ensayos sobre el tema y apoya a instituciones como la Asociación Uruguaya de Protección a la Infancia.

 

Utilizando nuevos recursos gráficos en cada publicación, Anales deja al descubierto una sociedad en vías de cambio, con poder de consumo y ambición de conocimiento. El manejo de distintas tipografías, la introducción del color, la rotación y la superposición de formas, además de las múltiples ilustraciones que van acompañando las secciones de la revista, hicieron de Anales un producto atractivo y moderno para sus lectores de ayer, y aún, de hoy.

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[1] Así se describe la revista en la portada del primer número de la Revista, en 1915.

[2] Fragmentos de la editorial de Anales n°122, 1937.

 

 

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Escrito por:
Daniela Kaplan
Daniela Kaplan