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La arquitectura de un tiempo nuevo

23 julio 2021

Cuando nos referimos a la arquitectura, las artes decorativas y el mobiliario de comienzos del siglo XX, solemos utilizar la expresión Art Nouveau para identificar el estilo de la época, con sus líneas características y su lenguaje particular de formas.

Sin embargo, Art Nouveau es el término específico con que se identificó en Bélgica a esta experiencia artística y de diseño que se extendería también a Francia. Por los mismos años, pero en Alemania, se conocerá con el nombre de Jugendstil  – es decir, «estilo joven» -, en Italia adquirirá un nombre sajón – el de Liberty – y, en España, el de Modernismo, permitiéndonos utilizar este término para todas las manifestaciones del período en cuestión.

 

En este sentido hay un modernismo catalán, como también hay un modernismo madrileño y, así, podríamos aplicar la expresión incluso para nuestro país, entendiendo que aquella producción del 900 bien debemos llamarla modernista, más que Art Nouveau.

 

Entre los últimos años del siglo XIX y la mitad de la segunda década del XX, en Montevideo asistimos a una presencia del modernismo que se manifestó, en distintos terrenos, en el diseño de objetos decorativos, muebles y, por supuesto, también el arquitectura. Pero se trató de un modernismo ecléctico, que supo combinar elementos de distinto origen (germanismos, catalanismos, etc.) que se manifiestan en tradiciones constructivas o elementos expresivos concretos.

 

La contundente presencia del hierro, los grandes planos vidriados, la incorporación de ornamentos cerámicos y mayólicas a las fachadas de importantes edificios urbanos marcan esta tendencia hacia principios del siglo. Pensemos que en aquellos años aparecen nuevos programas en la arquitectura, como ser las grandes tiendas comerciales. Y aquí ese modernismo se expresa en cambios que van más allá de lo material, porque también encontramos importantes innovaciones tecnológicas y espaciales. Ambas están en cierta forma atadas, pues las nuevas estructuras metálicas – vigas y pilares de acero o hierro fundido – permitían espacios mayores y edificios de más altura.

 

1918 Calle Bacacay

Calle Bacacay circa 1918 

 

Podemos ver cómo se logran espacios interiores donde se identifican aterrizados que nos hablan de grandes patios a los cuales convergen niveles de balcones, logrando ámbitos únicos y excepcionales como el que se podía ver en el interior de la ex-casa comercial Pablo Ferrando, donde de cualquier lado podía apreciarse la totalidad del interior. Hoy, lamentablemente, ese espacio interior se ha transformado mucho y se ha perdido ese efecto espacial.

 

También es interesante reparar en los cambios que producirá el hierro y el vidrio, permitiendo grandes superficies transparentes que podían hacer de la fachada un gigantesco escaparate urbano. Éste es el caso del ya citado Edificio Pablo Fernando, obra de Juan Tosi, sin duda un magnífico referente de estos cambios llegados de la mano del modernismo.

 

También existen el Montevideo destacados ejemplares residenciales bajo la impronta del arte nuevo, como la quinta del presidente William en la esquina de la calle Ellauri y Avenida Brasil: excepcionales aberturas de vidrio de color, presencia de elementos cerámicos y una magnífica reja exponen el gusto de vanguardia que tenía el entonces presidente de la República. Muy cerca de ella se encuentra otro singular ejemplo: la Escuela Brasil. Recientemente restaurada por el Ministerio de Transporte y Obras Públicas.

 

Escuela Brasil Cdf

Escuela Brasil Circa 1918 / CdF-IMM 01945FMHGE

 

Es de destacar, por último, la obra de un arquitecto catalán que se instaló en Uruguay dejándonos un número importante de obras: Buigas i Monravá, autor de los grandes pabellones de la Asociación Rural, en el predio de exposiciones del Prado.

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Pabellón de la Asociación Rural en el Prado, Montevideo

 

Foto de portada: Centro Uruguayo, Mercedes, Soriano.

 

 

 

Escrito por:
William Rey Ashfield
William Rey Ashfield