Hallazgos

09 julio 2020

Sección dedicada a rescatar artículos y contenidos que, desde el pasado, se mantienen aún vigentes.

En la revista Croquis de Junio de 1997, encontramos un artículo de Willy Rey sobre un tema que viene al caso. Se trata de una reseña del libro «Cosmopolitas domésticos», del filósofo español Javier Echeverría, quien fuera nuestro invitado de honor en el primer programa de Paisaje Ciudad y con quien dialogamos sobre la «nueva normalidad» en el contexto de la pandemia de COVID-19.

Bajo el título «La Cueva Telemática», reza el artículo:

«Abra su ventana al mundo», decía el slogan publicitario que promocionaba una marca de televisores, mostrando a través de la pantalla la posibilidad de estar en todas partes sin moverse del sofá de casa. Esta imagen vuelve a aparecer al iniciar la lectura de «Cosmopolitas domésticos», un ensayo del catedrático de Filosofía de la Universidad de San Sebastián (País Vasco), Javier Echeverría.

«Los ámbitos domésticos se están transformando radicalmente en las últimas décadas», dice el autor, y «nuestros domicilios están marcados por la telepresencia de lo público». Fundado en los grandes cambios de la sociedad posindustrial, según Alain Touraine, este proceso al que también asiste el hábitat es verdaderamente inédito.

En una economía globalizada, con intercambios fluidos de información, las casas de abren como unidades cosmopolizadas y dejan de lado una estructura de intimidad que hoy resulta anacrónica. Y esto es así porque el ámbito doméstico «desempeña una función básica en estos procesos de cambio de la estructura productiva y territorial. Si bien es cierto que la vieja sociedad industrial ya había dado el gran paso de reordenar el hogar al introducir un soporte nuevo de infraestructura en la vivienda (agua corriente, calefacción eléctrica, etcétera) que terminaba con antiguas formas de relación entre los ciudadanos (la fuente pública, la compra de leña, etcétera), este proceso parece acentuarse más todavía actualmente por las posibilidades de comunicación que permiten la televisión, el teléfono y las redes telemáticas.

Sin embargo, el intercambio entre el ámbito público y privado no ha terminado, sino que se ha vuelto más complejo. Por un lado, una enorme cantidad de relaciones que sólo tenían lugar en la plaza, la calle o el mercado, hoy se establecen desde la casa a través de la comunicación telefónica, la telecompra y las redes informáticas. La capacidad de convocatoria que todavía tienen ciertos espectáculos responde sólo a pautas culturales y necesidades específicas de algunos sectores, ya que las posibilidades de captación de imágenes y sonidos son superadas por la televisión y la multimedia.

Por otra parte, el espacio privado se ve invadido por lo público; imágenes de seres extraños, de guerras y catástrofes, de epidemias o fiestas, que ocurren cerca o lejos de donde estamos se transforman en cotidianas, como antes sólo eran los amigos o familiares que nos visitaban.

Echeverría plantea este estado de situación sin evadir la historia, estableciendo un interesantísimo análisis de textos, como el de la Odisea homérica, en que desarrolla con gran erudición el viejo concepto griego de «oikos».

En un estilo ameno y accesible a un público amplio, el libro importa en particular en aquellos ámbitos de estudio y reflexión a los que asisten antropólogos, sociólogos y arquitectos. Respecto de estos últimos, resulta interesante la observación de que más allá de los cambios que se registran en las formas del «habitar» contemporáneo, surgirán también en el futuro cambios espaciales insospechados. Por ahora, poco han cambiado las estructuras físicas y tipológicas de nuestras viviendas en contraposición con esta revolución tecnológica. Pero quizá para que esto suceda solo falta tiempo.

Hasta aquí, el texto de Croquis. Pero la reflexión de 1997 y los pronósticos con que se cierran adquieren hoy más importancia que nunca. Es así que, tanto Echeverría como Willy Rey, las continúan en el siguiente podcast.

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