El arte de innovar en salud

18 febrero 2022

Con el Dr. Alberto Fernández y el artista Fernando Foglino

Un hueso quebrado. Curiosamente eso es lo que une al médico Alberto Fernández Dell’Oca y al artista visual Fernando Foglino, que desde hace 15 años trabajan juntos en una tarea que tiene tanto de artesanal como de científico y que confluye en el campo de la traumatología.

 

La dupla, a priori, parece bien diferente. Fernández – de pelo blanco – es médico traumatólogo y cirujano, pero se define como inventor. “Un inventor es alguien que no acepta, que cuestiona, que busca resolver lo que no está resuelto”, describe quien en 30 años ha patentado decenas de inventos destinados a mejorar la recuperación luego de una fractura. De ellos, al menos siete se comercializan en el mundo.

 

Foglino – barba y pelo negro azabache – es poeta, artista visual y experto en diseño por computadora. “Fui vendedor de ropa, repartidor, estudié arquitectura y soy informático autodidacta”, se presenta el artista quien en el año 2019 ganó el Premio Montevideo de Artes Visuales por su obra Evidencias, inspirada en estatuas vandalizadas.

 

De la fusión de esos mundos surge un trabajo que colabora con la medicina y que va desde Uruguay al mundo.

 

El inventor

 

“Soy un inventor que opera”, dice Fernández, que estudió unos años de ingeniería, se recibió de médico y se especializó en traumatología. Se formó en la Universidad de la República y fue profesor de la Facultad de Medicina, pero desde hace 20 años es jefe del Servicio de Traumatología del Hospital Británico. Desde 2011, además, es director de la Especialidad en Traumatología y Ortopedia del Centro de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Montevideo (UM).

 

Pese a todo este bagaje médico, Fernández repite que es inventor. En su oficina, que es Cátedra de la UM y centro de innovación, Fernández lleva adelante un trabajo integral que involucra docencia, invención y diseminación de las creaciones que desarrolla junto a su equipo de médicos, estudiantes y otros colaboradores.

 

En 1985 hizo su primer invento en traumatología: un fijador óseo externo, “una especie de fierro que ayuda a que las fracturas suelden mejor”, describe. Desde entonces ha creado y patentado implantes, herramientas y técnicas quirúrgicas que están aprobados por la FDA (agencia de EE.UU. responsable de la regulación de medicamentos y aparatos médicos, entre otras cosas), que se usan en quirófanos del mundo, que conviven en cuerpos de pacientes de diferentes nacionalidades, y que le hicieron merecedor de varios premios.

 

En su currículum destacan dos galardones de la Fundación AO, que reúne a cirujanos de todo el mundo y que distinguió uno de sus inventos; y el Premio Ambroise-Paré, que entrega la International Medical Corps, una organización humanitaria de médicos y enfermeras que son voluntarios en guerras y desastres.

 

Por eso, su oficina no se parece nada a un ambiente médico tradicional. Además de una decena de computadoras dispuestas en escritorios comunes, las paredes están tapizadas de dibujos técnicos de diseños patentados. También se pueden ver prototipos de madera o acrílico. Uno es un clavo y rosca – llamado “clavo hélice de fémur” – que se puede colocar con cualquier inclinación, una ventaja que se aprecia en la fijación de huesos cuya anatomía es compleja y requiere de esa cualidad.

 

Pero su principal trabajo desde hace unos años es el ICUC, que se debe leer en inglés para entender de qué se trata. “I see you see”, suena en ese idioma, y hace referencia a que todos pueden ver lo que uno ve. La verdadera traducción es que permite compartir datos visuales de casos médicos con todos a quienes les interese.

 

ICUC – un proyecto conjunto con los expertos internacionales Pietro Ragazzoni y Stephan Perren – es una plataforma destinada a traumatólogos y cirujanos que de un modo intuitivo y sumamente visual reúne información de miles de casos de fracturas y sus operaciones. Son intervenciones realizadas en centros de cinco ciudades – Hospital Británico de Montevideo, y otros de Friburgo, Milán, Lucerna y Zurich – cuya información – totalmente anónima – fue recolectada por los médicos y estudiantes del equipo de Fernández.

 

La tarea de ese equipo es recolectar toda la información médica de cada operación (radiografías, tomografías, diagnósticos, comentarios, todo antes y después de la cirugía) y crear con ella un “caso” identificado con el tipo de traumatismo. El usuario, entonces, puede entrar en la plataforma y buscar como si fuera Google para encontrar toda la información del caso y la operación realizada, más allá del resultado.

 

“ICUC cuestiona la forma de compartir la información médica. No solo comparte los casos exitosos, sino todos los casos, para aprender también de los errores”, afirma Fernández. “Usa fotos tomadas por traumatólogos especializados en documentar en imágenes lo que pasa en el quirófano. Son estudiantes del posgrado de Traumatología de la UM”, detalla.

 

Con ICUC, Fernández busca compartir y generar conocimientos médicos con el objetivo final de mejorar la ejecución de los procedimientos quirúrgicos y ayudar a la formación médica.

 

Pero, en todo este escenario tan hospitalario, ¿dónde entra Foglino?

 

El artista

 

Fernández empezó a trabajar con Foglino en 2003. Entonces, era estudiante de Arquitectura y se había dedicado al diseño por computadora.

 

Su vínculo con esa tecnología surgió desde niño, a fines de los 80, cuando recién empezaban a aparecer estos equipos. Su padre vendía computadoras, y él aprendió los primeros lenguajes informáticos ya en 6.° de escuela. Desde entonces acompañó el desarrollo de la informática y se especializó en programas de diseño y animación digital.

 

Después decidió estudiar Arquitectura, pero en el interín se acercó a la literatura y quedó cautivado por la poesía, hasta que se vinculó tanto al arte que el título de arquitecto no llegó a su CV.

 

En los años siguientes, Foglino comenzó su producción artística que desde 2008 ha recorrido diversas temáticas. La variedad, sin embargo, no es lo más notorio, sino la importancia del mensaje de su trabajo, principalmente a través de instalaciones de gran porte.

 

Desde el impacto que tiene la civilización en el arte y la inequidad en el acceso a la vivienda hasta cuestiones como el amor, el silencio y el bullicio, tienen lugar en las reflexiones artísticas de Foglino.

 

Su instalación Cerdos inmobiliarios, por ejemplo, se basa en la creación de esculturas de tamaño real de los tradicionales animales de alcancía fabricados con los carteles de venta y alquiler de propiedades. La instalación artística consistió en la colocación de estas obras en construcciones abandonadas y viviendas sin terminar, para mostrar que, pese a que existen más de 250.000 viviendas desocupadas o abandonadas en el país, miles de personas aún no pueden acceder a la vivienda.

 

Luego, para hablar del amor, Foglino creó una instalación que incluye, entre otros elementos, una máquina de escribir Remington de 1948 y una hoja de aluminio continua de 30 metros largo. En esa hoja, que sale de la máquina y recorre el piso en línea recta, se pueden leer – mecanografiadas por repuje – decenas de definiciones de la palabra amor que el autor extrajo de diccionarios y enciclopedias encontrados en ferias y bibliotecas. “Es una reflexión sobre la diaria búsqueda del amor […]. En geometría euclidiana, la recta es la sucesión continua e indefinida de puntos en una sola dirección, es decir, tiene una sola dirección y dos sentidos. No se puede medir, no posee principio ni fin”, detalla en su web (www.foglino.me) que vale la pena visitar para conocer sus trabajos.

 

El más sonado quizás es el Archivo Nacional del Patrimonio 3D, que es un proyecto que desde 2016 desarrolla junto a dos amigos arquitectos – Rodrigo Melazzi y Andrés Nogueira – que aspira a que Uruguay sea el primer país en digitalizar en 3D todas las estatuas y monumentos que hay en espacios públicos.

 

Desde La Carreta, de José Belloni, La Meditación, de Emilio Fiaschi, ubicada en la rambla de Carrasco; hasta Los últimos charrúas, de Edmundo Prati, en El Prado, Foglino y sus socios han recorrido el país para escanear milímetro a milímetros este acervo que está disponible libremente en www.patrimonio3d.uy y en las computadoras del Plan Ceibal.

 

Y su trabajo más reciente – el que le valió este año el Premio Montevideo de Artes Visuales – se llama Evidencias y deriva justamente del relevamiento de las estatuas de ornato público, cuando notó que a muchas les faltan partes que fueron robadas. Los pies y las manos de La Meditación; la lanza de Ansina, en 8 de Octubre y avenida Italia, o la estatua entera de La niña de la Paloma (Armando González) que fue robada de su lugar en el Parque Rodó, son algunas de las piezas ausentes que Foglino reconstruyó por computadora y que fabricó con impresión 3D para encajar en las estatuas originales.

 

La obra, dice Foglino, es una “evidencia” de falta de cultura, pero también de resistencia, y “da pie para hablar de colonialismo, de racismo”.

 

Y ahora, en todo este escenario artístico, ¿dónde entra Fernández?

 

Fernando Foglino

 

El artista y el inventor

 

Para Foglino, la computadora siempre fue la herramienta de diseño y de trabajo, porque cuando era estudiante daba clases de computación a clientes de su padre. Así conoció a un dentista ortodoncista para quien hizo sus primeros diseños en 3D. Para este especialista, escaneaba radiografías y las transformaba en imágenes en tres dimensiones.

 

Y eso fue lo que finalmente lo acercó a Fernández, que al inicio era escéptico sobre lo que Foglino podía hacer para ayudarlo, pero le bastó un solo trabajo para entender que el diseño por computadora era clave.

 

Eso fue en 2003 y desde entonces ambos trabajan juntos: mientras Fernández inventa, Foglino transforma sus ideas en diseños 3D que luego son piezas reales. En los últimos años, Foglino coordina el contenido de ICUC, y participa desde que la idea es solo un boceto que hace Fernández en una hoja cuadriculada hasta la presentación de la información de los casos médicos en la plataforma. Incluso ha entrado en quirófanos para entender mejor el trabajo y aportar ideas.

 

Par 3 B

Así, arte y ciencia se conjugan, y los saberes de Foglino y Fernández se fusionan en una mezcla que al final llega a mucha gente.

 

Ver artículo completo en la revista Tribu

Escrito por:
Daniela Hirschfeld
Daniela Hirschfeld