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Cartografías & arquitecturas

23 julio 2021

La invención de la imprenta trajo la ilustración, la revolución francesa, los librepensadores y el fin de la monarquía. Fue una verdadera revolución tecnológica, y como toda revolución tecnológica sus consecuencias, insospechadas en su momento, llegaron a cambiar de raíz la forma de ver y hacer el mundo.

Nuestra época también está viviendo una revolución tecnológica, tal vez de una radicalidad similar a aquella. Su alcance y consecuencias, aunque las intuimos o vislumbramos, aún nos resultan difíciles de dimensionar. Surgen al respecto preguntas inquietantes tales como: ¿es la democracia el sistema que mejor se adapta a este nuevo escenario? ¿hasta que punto somos víctimas de la manipulación? ¿qué papel juegan las mega corporaciones en nuestras vidas? ¿son los nacionalismos y fanatismos consecuencias naturales de esta nueva época? Aún preguntas sin respuesta.

 

Lo que si sabemos es que las nuevas tecnologías son parte indivisible de nuestras vidas, y han modificado la forma en que nos relacionamos, pensamos y creamos. ¿De qué manera? Veamos. Si el mundo del libro y del ferrocarril era el mundo de la lógica lineal, el mundo digital parece estar imponiendo una lógica fractal, donde tenemos la percepción que todo ocurre al mismo tiempo. La novedad se impone de un modo totalitario y totalizante pero tan solo por unos pocos segundos, llevando al paroxismo la famosa máxima de Warhol y sus 15 minutos de fama.

 

En el campo de la cultura visual el impacto fue y es formidable. A través de la líquida pantalla de computadores y dispositivos móviles nos llega una fabulosa cantidad de imágenes, de todo el mundo, en tiempo real. Estas imágenes nos mantienen al día de la creación global, pero tal vez nos induzcan a un error: el de creer que la imagen de un proyecto es el proyecto, obviando la importancia del contexto. Y si bien hay contextos que podemos compartir, como los culturales o algunos de carácter antropológico, hay otros que nos faltan. Por ejemplo, los vinculados a las condiciones particulares que originan el proyecto: la percepción del producto o del servicio, las referencias que existen en la sociedad en la que se inserta, su cultura visual e incluso aspectos idiosincráticos. Sí, la globalización fue, es y será imperfecta, por no decir imposible.

 

Y esto que se omite tan olímpicamente en las maravillosas imágenes que llegan a nosotros desde todos lados, es la variable más importante, la que aporta desde sus particularidades, problemáticas y restricciones los desafíos más estimulantes. La que nos saca de nuestra zona de confort y nos enfrenta a la complejidad del entorno en el que interactuamos, y en el que la comunicación o el producto que diseñamos también deben interactuar. Es el contexto el que dota al proyecto del atributo más importante: el sentido.

 

Es interesante, y pertinente, hablar de restricciones cuando se habla del contexto. Sobre todo, en un país como Uruguay, pequeño, periférico y con recursos acotados. Y es sugerente ver como esas restricciones, tanto aquí como allá, propiciaron soluciones extraordinarias, creativas y enormemente influyentes. Y es exactamente lo que el mundo digital deja de lado, y eso significa un empobrecimiento de las experiencias y los saberes, y sobre todo, en el ámbito de la creación, dejar de lado grandes oportunidades. Pero vayamos a algunos ejemplos.

 

Eladio Dieste. Solo en Uruguay

 

Eladio Dieste (1917-2000) desarrolló la mayor parte de su obra en Uruguay, donde fue muy exitoso; recién tardíamente construyó en Brasil, y luego en España. Tal vez sea el paradigma máximo en el desarrollo, ya no solo de un producto, si no de un verdadero lenguaje, absolutamente determinado por su medio. Propició un pequeño milagro: supo desarrollar una propuesta estética de una poética y unas calidades proyectuales sobresalientes en un medio donde la funcionalidad y los costos eran los determinantes.

 

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Eladio Dieste

 

Dieste era un ingeniero, pero de una cultura vasta y sofisticada, con una fuerte impronta humanista. Su visión, formación e inteligencia, que trascendía la del saber técnico específico de su profesión, le permitió conocer en profundidad la realidad del Uruguay de ese momento: su economía, su nivel de desarrollo industrial y humano, los materiales con los que contaba, la escala del país y lo que esta permitía. Recogió todas estas determinantes y desarrollo un producto competitivo, exitoso y único, que como él mismo supo admitir no hubiera sido posible desarrollar en los países industrializados. Efectivamente, para sus obras sorprendentes se sirvió de los ladrillos fabricados de forma local.

 

El legado de Dieste para el que quiera apreciarlo (ojalá seamos todos) es magnífico. Magnífica la obra construida; magnífico sus sistemas constructivos; magnífica la unión que logró de la sensibilidad poética, la calidad formal, el saber técnico y una sensibilidad humana entrañable; magnífica su capacidad de innovar exitosamente en un rol de empresario; y magnifico, sobre todo, como un ejemplo de creación fuertemente arraigada en lo local pero con una ambición global indiscutible.

 

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Iglesia De Atlántida. Archivo Dieste y Montañez.

 

Efectivamente, su obra está fuertemente arraigada a su contexto, y su sensibilidad se reconoce como absolutamente autóctona, pero aún así su propuesta está muy lejos de lo telúrico y lo folclórico. Más bien todo lo contrario, es contemporánea, universal, pertinente y original. Y generalmente, cuando encontramos originalidad y la excelencia también encontramos reflexión. Dieste, además de ingeniero y arquitecto era un pensador, un filósofo, un humanista, que aportó una visión muy particular sobre el mundo. Y como todo innovador fue un gran hacedor, que creía en le poder transformador del trabajo, hasta el punto de permitirse la libertad de innovar y experimentar en los mismos procesos de construcción. Pero sobre todo, en su trabajo, permanecía inmanente una definición personal de progreso, que no es la de los centros hegemónicos de poder, si no una, propia, creada en la periferia, pero con vocación universal. Y hablando de legado, este, sin lugar a dudas parece ser el más significativo.

 

 

«Debemos salir del subdesarrollo, pero de una manera humana y nuestra, sin copiar ni los procesos, ni las técnicas, más que cuando nos sea indispensable».

Eladio Dieste

 

 

Henry Beck. El mapa que cambió al mundo.

 

Si bien Henry Beck no era diseñador gráfico, fue uno de los diseños más influyentes en la historia de la gráfica moderna. Este señor era un ingeniero eléctrico inglés que vivió en la primera mitad del Siglo XX en Londres. Era empleado de la London Underground Railways. El famoso metro de Londres, o simplemente el Underground. Harry Beck fue el responsable, en su tiempo libre, de diseñar el Mapa del Metro de Londres, el referente de todos los mapas de metros que se hicieron después.

 

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Henry Beck

 

Este mapa surgió como respuesta a los problemas que acarreaban los mapas que se hacían en ese momento, que buscaban representar a la cada vez más intrincada red de líneas londinenses con las distancias geográficas reales, tal como se hacían en los mapas convencionales con resultados desastrosos: los mapas eran ilegibles y los usuarios no estaban nada felices. Pero afortunadamente nuestro amigo Beck tenía la solución para este problema. Primero que nada, renunció a representar las distancias reales entre estaciones, a las que creyó irrelevantes. Su propuesta las omitiría. Su segunda decisión innovadora fue un recurso gráfico muy particular: iba a abandonar los intrincados recorridos realistas, e inspirado en los diagramas de red eléctrica que bien conocía (recordemos que era ingeniero eléctrico) utilizaría líneas rectas y ángulos de 45 grados para representar los recorridos de las líneas, líneas a las que diferenciaría con colores.

 

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Mapa del Metro de Londres

Beck había comprendido lo que los usuarios realmente necesitaban: las personas no querían saber todo el tiempo en que parte de la ciudad estaban, solo querían saberlo cuando llegaban a las estaciones, y que lo más importante era todo lo referido a las conexiones entre líneas. Había alcanzado la esencia del problema, y había hallado la solución óptima para ese problema. Este es un ejemplo paradigmático de diálogo con la realidad. De poner al diseño al servicio de algo más allá de lo retiniano o esteticista, y paradójicamente su diseño estéticamente era maravilloso. No le resultó facil a Beck convencer a sus jefes que adoptaran su mapa, era un cambio radical en relación a lo que tenían, finalmente ante las insistentes quejas de los ciudadanos londinenses, el diseño de Beck vio la luz en 1933 en un pequeño folleto que se imprimió en una tirada acotada. La gente lo adoptó enseguida, fue un éxito rutilante. Así se transformó en el mapa oficial del Metro de Londres, y lo es, con modificaciones hasta ahora. El diseño de Beck no solo cumplió con creces su cometido, también terminó siendo uno de los diseños más influyentes a nivel mundial, siendo copiado por todos los metros del mundo, y luego siendo una referencia en el transporte colectivo en general, y un antecedente de la infográfica contemporánea. Beck tan solo cobró 4 guineas por ese trabajo, unos 5 euros mas o menos. A pesar lo exiguo del presupuesto este diseño fue elegido en los años 90 como el segundo diseño preferido de los ingleses, detrás del Concorde.

 

 

“los usuarios están demasiado preocupados en como llegar de A a B como para entretenerse con los detalles geográficos.»

Henry Beck

 

 

Tanto la obra de Dieste y la de Beck, a su modo, son proyectos de excelencia, únicas, originales, brillantes… y útiles. Son respuestas proyectuales que se crean de cero, sin ideas preconcebidas. Mirando directamente a la realidad. Y son ejemplos motivantes del poder del diseño y la creatividad.  Y sobre todo son proyectos de una calidad y un encanto únicos. Muchas veces dentro de lo que se llama actualmente la búsqueda de “referencias visuales” nuestras terminales nerviosas parecen replicar el funcionamiento binario de los dispositivos digitales. Cero o uno. Sí o no. Seleccionando el dígito según que estímulo. Violentando a la realidad con soluciones impertinentes o incomprensibles. Confundiendo los medios y los fines, resignando uno de los elementos más importantes de la cultura del proyecto: la verdadera reflexión que surge de detectar particularidades del contexto para desarrollar respuestas pertinentes y verdaderamente creativas.

 

 

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Escrito por:
Nicolas Branca
Nicolas Branca