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Arte y arquitectura integrados

22 junio 2021

«… entiendo que el aspecto escultórico y pictórico tienen que integrarse de un modo sustancial la arquitectura, ligados al aspecto funcional y de una manera tal que no debe saberse donde comienza la arquitectura y donde los elementos plásticos […]. De este modo, se está cumpliendo con una función que es más que la del simple mural agregado y que es la de regularizar el espacio»

Luis García Pardo

Durante las décadas de 1950 y 1960 se construyó en Montevideo un número elevado de edificios residenciales con importantes obras artísticas integradas. Tanto en la fachada como en los jardines frontales o bien en sus halls de entrada, es posible descubrir obras de importantes firmas nacionales y extranjeras que se integran inteligentemente a la arquitectura. Se trata de una tendencia muy marcada en la producción de ciertos profesionales como Luis García Pardo y Walter Pintos Risso, quienes recurrentemente incorporaron obras de arte a sus edificios. Algunos artistas trabajaron con determinada continuidad aportando diferentes obras, como es el caso del colombiano Guillermo Botero quien se instaló una parte de su vida en Montevideo y produjo diferentes piezas en cerámica policromada para el segundo de los arquitectos mencionados.

 

Otros importantes artistas que produjeron obras para estas arquitecturas residenciales serán Germán Cabrera, Erwin Studer, Juan Muresanu, Miguel A. Pareja y distintos artistas integrantes del Taller Torres García.

 

El presente artículo no pretende una mirada nostálgica sobre una valiosa práctica que ha desaparecido sino constituirse en un estímulo para retomarla nuevamente en el presente. Nos referimos en esta ocasión a cuatro edificios equipados con obras plásticas de alto valor.

 

Formas en bronce y mármol

El edificio Gilpe –Avenida Brasil 2572/74– constituye un destacado ejemplo de la arquitectura moderna. Su autor, el arquitecto Luis García Pardo, se caracterizó por incorporar en sus proyectos soluciones técnicas innovadoras y materiales novedosos, configurando singulares espacios que, en muchas ocasiones, fueron jerarquizados mediante diferentes expresiones plásticas.

 

En este edificio, en particular, se descubre un extenso mural realizado por Vicente Martín, prolífico artista que expone aquí una raíz constructivista. El mural combina el beige y el terracota. Una serie de líneas inclinadas y curvas enriquecen la composición, permitiendo un despliegue de rectángulos, círculos y trapecios, acompañados de particulares símbolos que dan lugar a una estructura que es interior y exterior a la vez.

 

El interés por la abstracción como camino para llegar a un arte universal era compartido por García Pardo, quien señaló: «… entiendo que el aspecto escultórico y pictórico tienen que integrarse de un modo sustancial la arquitectura, ligados al aspecto funcional y de una manera tal que no debe saberse donde comienza la arquitectura y donde los elementos plásticos […]. De este modo, se está cumpliendo con una función que es más que la del simple mural agregado y que es la de regularizar el espacio».

 

En el acceso del Gilpe estas ideas se traducen en un espacio estimulante en que cada elemento —desde el mural y las columnas de sección circular revestidas en bronce, hasta la pesada doble puerta de acceso que contrasta con los planos vidriados —es parte de un todo destinado a crear un ámbito propicio, previo al ingreso de cada apartamento.

 

Edificio Gilpe. Arquitecto: Luis García Pardo. Autor artístico: Vicente Martín.

 

A lo largo de la calle Jaime Zudañez pueden percibirse distintas casas y edificios alineados sobre el límite de los predios o apenas retirados de ellos. Sin embargo, un gran retiro se presenta entre las calles Roque Graseras y Tomás Diago que permite destacar dos interesantes ejemplares de la arquitectura de los años sesenta. Se trata de dos proyectos del arquitecto Walter Pintos Risso, en tiempos de crecimiento y auge de aquel estudio profesional.

 

Uno de estos edificios —Jaime Zudáñez 2836— incorporó una particular pieza plástica en su hall de entrada, perfectamente visible desde la calle, a través de una amplia superficie vidriada. Se trata de un mural de más de sesenta piezas de mediano tamaño, bajo un dominante color azul-celeste, de claras referencias constructivistas. La obra fue realizada por los artistas Dumas Oroño y O. Firpo, en el año 1965; el primero fue su diseñador y el segundo quien lo materializara en material cerámico.

 

Apelando al mundo formal y simbólico de la tradición torresgarciana, los artistas ordenan sus imágenes en una estructura áurea, ortogonal y monocroma, induciendo referencias cosmogónicas en asociación con figuras humanas y objetos propios de la vida cotidiana. Por momentos, estos objetos y los hombres representados se ordenan de tal manera que llevan a pensar que se trata de una escritura primitiva, cercana a los jeroglíficos o ideogramas.

 

Edificio Beverly I. Arquitecto: W. Pintos Risso. Autor artístico: D. Oroño y O. Firpo.

 

De azulejos y colores

Cuando pensamos en un escultor como Germán Cabrera, inmediatamente vienen a nuestra memoria ciertas piezas metálicas o de cerámica cruda sin presencia alguna de color. Esto es, al menos, una fugaz impresión que resulta de las obras más difundidas y publicadas de este autor.

 

Sin embargo, la intensidad cromática no fue ajena a su producción, tal como lo muestra el trabajo realizado en la entrada de este edificio, ubicado sobre la calle 18 de Julio, número 2318. A partir de la conocida técnica catalana del trenkadis—concebida como composición de piezas de azulejos partidos de distintos colores—, Cabrera logra un interesante resultado plástico sobre dos paredes opuestas que se vinculan parcialmente a través de ciertas continuidades formales en el tratamiento del piso.

 

En la pared vinculada al cuerpo vidriado de la entrada, las formas abstractas evocan determinadas modalidades propias de la naturaleza. En el muro opuesto, la organicidad se hace más explícita aún por las ondulaciones de la superficie y la presencia de una suerte de filacterias o ramas muy lineales que surgen bajo un plomo diferenciado.

 

Edificio Del Sol. Arquitecto: Couto-Piña. Autor artístico: G. Cabrera.

 

La obra es una explosión de color en un ámbito urbano marcado por el dominio del gris. Sin embargo, este se hace igualmente presente en una pieza metálica que Cabrera incorporó y que es visible desde la calle cuando una de las puertas interiores logra abrirse de par en par.

 

Música y danza en madera tallada

Una de las grandes obras del arquitecto W. Pintos Risso fue el edificio Hyde Park, ubicado en la intersección de las calles Bulevar Artigas y Bulevar España. La organización volumétrica, la propuesta material, el diseño de sus plantas y acceso hacen de este edificio uno de los mejores ejemplos de la modernidad tardía en Montevideo.

 

Es en la entrada, precisamente, donde se percibe una fina relación entre el diseño interior y exterior del edificio. Los volados del volumen en esquina y del cuerpo paralelo a Bulevar Artigas establecen una pautada transición, al tiempo que el hall se expone a la calle mediante amplios paños vidriados. Esta transparencia permite que la obra artística integrada al diseño arquitectónico también sea percibida desde el ámbito público, tal como era frecuente en la arquitectura de finales de la década de 1950 y comienzos de 1960.

 

Edificio Hyde Park. Arquitecto: W. Pintos Risso. Autor artístico: escultor G. Botero.

 

Guillermo Botero, colaborador de Pintos Risso en muchas de sus obras, es el autor de la excepcional talla en madera ubicada en dicho hall y cuyo tema se vincula con la música y la danza. Se trata de un conjunto de figuras humanas que, por los instrumentos representados, remiten al mundo andino: la zampoña y la quena. Al centro, una figura masculina y otra femenina entrelazan sus cuerpos bailando, aportando organicidad a un diseño general que es más geométrico. Suaves notas de negro incorporan la única diferencia al predominio cromático de la madera natural. Algo de la tradición de Colombia, país al que pertenecía Botero, se incorporó a este ejemplar de nuestra arquitectura moderna.

 

 

 

  

Escrito por:
William Rey Ashfield
William Rey Ashfield