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Antiguos azulejos de Aguilar

05 noviembre 2021

La historia de los azulejos en Uruguay indica un momento muy especial: entre 1837 y 1840 se instaló la primera fábrica de azulejos en nuestro país.

En tiempos coloniales llegaron a Montevideo —y también a otros poblados de la Banda Oriental—los primeros azulejos procedentes de fábricas catalanas. También existieron azulejos de origen napolitano de carácter artesanal que respondían a formas geométricas y a un número algo reducido de colores y tonos que aparecen en el período de la Cisplatina. Más tarde, en tiempos republicanos, se incorporaron partidas francesas provenientes de establecimientos industriales localizados en la Villa de Desvres, en la zona conocida como Paso de Calais. Por esta razón es que esas pequeñas y magníficas piezas —predominantemente azules y blancas— que tantas veces observamos en brocales de aljibes, cúpulas y torres de iglesias llevan el nombre del estrecho de agua que separa a Francia de Gran Bretaña.

 

La historia de los azulejos en Uruguay indica, sin embargo, un momento muy especial: entre 1837 y 1840 se instaló la primera fábrica de azulejos en nuestro país. Fue en Maldonado, en tiempos próximos a la Guerra Grande, cuando un comerciante canario, llamado Francisco Aguilar, decidió iniciar la fabricación de azulejos en un difícil momento de nuestra historia. Instalado en la Banda Oriental desde tiempos de la colonia y desarrollando distintas actividades comerciales y de transporte de mercaderías llegaría a ser uno de los empresarios más innovadores de la primera mitad del siglo xix.

 

Aguilar Amadeogras

Francisco Aguilar retratado por el artista Amadeo Gras, 1833. Pintura perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional.

 

Aguilar instaló en los fondos de su casa de Maldonado un taller con los enseres necesarios para producir piezas cerámicas y conjuntamente contrató a un maestro alfarero llamado Marcial Furné. Se iniciaron así los primeros trabajos de fabricación que controlaría de manera personal, discutiendo incluso – a través de sendas cartas—la calidad con que debían salir las diversas partidas de azulejos. Aguilar era, sin duda, un empresario tozudo pero altamente responsable e innovador.

 

El maestro Furné trabajó en sus inicios con parte de la materia prima proveniente de España, pero poco a poco fue encontrando las correspondientes sustituciones locales, tal como la arcilla en las cercanías de Maldonado. Las primeras experiencias se centraron en la realización de piezas más rústicas como macetas, porrones y caños, todas ellas cocidas en un horno de pequeña dimensión, según nos cuenta el historiador Francisco Mazzoni. Inmediatamente después, y ante el éxito de los productos obtenidos, se decide aumentar el tamaño del horno y producir los azulejos. La producción de Aguilar incluyó un variado cromatismo y diseño, resultado de una tarea estrictamente manual. Las dimensiones de dichos azulejos alcanzan los 20×20 centímetros y un espesor que, en algunos casos, logra los 20mm.

 

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Azulejos Aguilar: presentes en los detalles

 

Aunque muchos han perdido parte de su coloración, como resultado de la condición experimental que tuvo la iniciativa, estas piezas son de alto interés para distintas colecciones y museos. No obstante, su identificación hoy es materia de especialistas porque entre los bienes legados por Aguilar también se encontraron azulejos napolitanos, cuyos diseños son análogos a los producidos en su fábrica, ya que también fue importador de dichos cerámicos.

 

Francisco Aguilar desarrolló otros proyectos altamente innovadores, entre ellos: la importación de maderas, la industrialización de sal, la explotación de canteras, la molienda de cereales, la plantación de tabaco y de diferentes variedades de árboles —especialmente pinos—. Muy recordado por distintos cronistas e historiadores ha sido el manejo de camellos que fueron traídos desde África para desembarcar mercaderías en las arenosas playas de Maldonado. En la esfera política tuvo particular destaque, llegó a alcanzar el cargo de senador en dos legislaturas.

 

Francisco Aguilar falleció en 1840, a los 64 años de edad, cuando su fábrica de azulejos llevaba menos de tres años de funcionamiento.

 

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Escrito por:
William Rey Ashfield
William Rey Ashfield